Escribirse el Cuerpo/ Por Psic. Fabián Durán Hernández PDF Imprimir E-mail
Escrito por PÁGINA Que sí se lee!   
Viernes, 30 de Julio de 2010 11:46

Colaboración
Escribirse el Cuerpo
 

Psic. Fabián Durán Hernández
Un tatuador le explica a quien está próximo a tatuarse que el líquido rojizo que saldrá de entre sus poros teñidos de negro es completamente normal. Delante de este un letrero que dice “No llorar”. El sujeto no lo hace, pero está nervioso. Va a decir Madelaine por mi hija recién nacida, cuenta quien está próximo a tatuarse, con su pecho lampiño e irritado.
¿Cuánto de dicho amor por la pequeña, por ese nacimiento, que da prueba ante los demás y sí mismo de que verdaderamente funciona como hombre con genitales capaces de procrear en el cuerpo de su mujer, quedará estampado en el pecho de dicho sujeto? ¿Y cuánto de los dolores que atraviesa su piel inflamada, representa lo que dicho sujeto está dispuesto a atravesar para que esa niña lo ame y lo desee como padre? El sujeto será capaz, por lo menos en su fantasía, hasta de enfrentar peligros de muerte como los que les sugiere la broma del tatuador subrayada por el cartel que incita a no llorar. A no ser maricón, diría la jerga callejera. En ese tatuaje se están concentrando los ideales fálicos de quien se tatuaba. Toda su disposición para dar prueba de ello. Y para ser el dueño sufriente de esa escena y de ese producto, le paga 500 pesos al empleado que le hace el tatuaje.
La piel encubre, la singularidad de cada persona. También es el asiento básico de caricias, maltratos y otras acciones que expresan ternuras, goces y hasta torturas. Y hoy más que nunca el cuerpo se nos aparece como un material a transformar para ponerlo a la altura de los designios y anhelos del sujeto. “El cuerpo es un objeto imperfecto, un borrador por corregir ¿Qué hace la cirugía estética? Se intenta cambiar el cuerpo para luego cambiar la vida” dice un antropólogo moderno. Se hace del cuerpo un socio que se agasaja o un adversario que se combate para darle la forma deseada. Pareciera que queremos eternizar la juventud y paralizar el pasaje del tiempo en nuestros cuerpos, a través del jogging, de la musculación, la obsesión no reside en estar sano, sino que la obsesión está en detener el tiempo. Así, en este tiempo de sustituciones permanentes aparece en algunos sujetos la necesidad de llevar marcas en la piel, huellas duraderas que otorguen el sentimiento de unión que la realidad atormenta. Tatuar procede del inglés tattoo, tomada de los indígenas de Tahití para designar el acto de dibujar. Aunque su origen se remonta al inicio de los tiempos, su extensión y lugar en los diferentes ritos estudiados, nos hace pensar en la necesidad que tuvieron diferentes culturas de marcar el cuerpo como elemento fundamental para expresar su posición sociosimbólica. ¿Cómo pensar el tatuaje desde el psicoanálisis? El tatuaje no se ubica ni adentro ni afuera, siendo a veces un intento de acomodación y apropiación de una realidad temida. De esta manera el cuerpo busca ser reorganizado a través de marcas, que puedan funcionar en términos de transformación subjetiva.
En los casos donde se muestran tatuajes múltiples la piel es tratada en el tatuaje como una superficie o pantalla donde proyectar una amplia gama de fantasías, afectos o situaciones conflictivas fundamentalmente inconscientes. Utilizando el tatuaje como una segunda piel, creando una nueva envoltura que oficia como “banco de memoria” que tendría como función historizar la vida del sujeto. En algunos otros casos donde el cuerpo es cubierto totalmente por tatuajes existen fantasías de auto engendramiento o resurrección. Otro aspecto a considerar en la cuestión del tatuaje es el dolor físico, en tanto que procurarse un dolor físico y puntual a veces puede ser mucho más tolerable que verse desbordado por un dolor mental inmenso.
Por supuesto que hay personas que intentan tatuarse por motivaciones que aparentemente están vinculadas a un interés fundamentalmente estético. Pero generalmente cuando se pregunta sobre el tatuaje lo más probable es que el dibujo tenga que ver con la persona, historias desdichadas o el interés por dejar una marca permanente que remita a momentos decisivos del sujeto. El tatuaje es una escritura en el cuerpo que cifra un texto a veces conocido y otras no. Es la letra que escribe la memoria. En la cuestión del tatuaje, lo que importa es escribirse el cuerpo, el dibujo es lo de menos. Si uno se pone a prestar atención al dibujo, si se habla sobre él, probablemente ese dibujo tenga que ver con ese sujeto, pero lo clave es haberse hecho la marca. Más allá del dibujo que la marca haga. Hay gente que se hace infinidad de tatuajes sin ningún significado aparente como si nunca terminaran de escribirse. En esta época donde hay una carencia de ciertas marcas constituyentes, en una sociedad que carece de cierto orden paterno, donde se desvanecen las pertenencias, los guías, la gente busca cómo agruparse, cómo ponerse nombre.
Las prácticas ejercidas por los sujetos sobre su cuerpo tales como el tatuaje, las cirugías estéticas, las perforaciones en la carne deben ser puestas en relación con la declinación del orden simbólico es decir, la sobrevalorización de la imagen. Se llega a la conclusión que ante la declinación del orden simbólico, lo imaginario cae sobre lo real del cuerpo. Cuando ya no hay cabida para la palabra, esta encuentra su salida por medio de la marca, es necesario marcarse, es entonces cuando uno busca al tatuador. Los marineros han creído desde tiempos antiguos en el recurso de los tatuajes. Un ancla tatuada en el brazo impide que un hombre quede a la deriva si cae por la borda. El tatuaje cumpliría entonces la función de protector de enfermedades y catástrofes. ¿Estarán los sujetos de hoy buscando un lugar dónde anclar?

Psicólogo Fabián Durán Hernández
Formación en psicoanálisis
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