La Revolución que nos Hace Falta/ Por Juanito PDF Imprimir E-mail
Escrito por PÁGINA Que sí se lee!   
Viernes, 03 de Septiembre de 2010 14:52

Editorial
La Revolución que nos Hace Falta

Juanito / Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
En este año estamos festejando el Centenario del inicio de la Revolución, así como el Bicentenario del inicio de la Guerra de la Independencia, dos sucesos que produjeron cambios importantes en el país. Creo que nos falta todavía otra revolución que tendrá, quizá, consecuencias aún más importantes, de más transcendencia que las que festejamos este año: La Revolución Educativa, una revolución todavía para llegar.
¿Por qué la Revolución Educativa? Porque, si creemos que el propósito de la educación es preparar a todos los jóvenes del país para la vida, el sistema llamado educativo es un fracaso total. El organismo federal está podrido, así como los estatales; el sindicato está podrido; los libros están podridos; la burocracia está podrida; todo, todo está podrido fuera de la posibilidad de redención. Es preciso desarmar la estructura y empezar de nuevo, con un solo objetivo: Educar. Nos urge quitar los privilegios, el nepotismo, la protección de malos e incompetentes, la cobranza ilegal de todo tipo de cuotas para un servicio gratuito, la discriminación social y económica y una larga lista de abusos que caracterizan el sistema de hoy.
¿Cómo es que los egresados del sistema actual no saben leer con comprensión, ni redactar una oración comprensible? ¿Cuál elemento de la educación es más fundamental? Tampoco saben sumar, restar, multiplicar ni, mucho menos, dividir. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: estas materias no se enseñan. Sí, se exponen, pero no se enseñan.
El sistema se ha mostrado extremadamente resistente al cambio, sin mencionar a las mejoras. Todo que se llama “reforma” parece estar enfocado en fortalecer el poder central de la SEP (Secretaría de Educación Pública), en proteger y crecer la burocracia y evitar la rendición de cuentas por parte de esta y por parte de los docentes. Hasta hay represalias para los quejosos. “La dinámica burocrática separó a las escuelas de las necesidades del país. Gobierno y magisterio pusieron la educación básica fuera de toda forma de auscultación pública o evaluación ciudadana. […] El resultado ha sido un sistema de educación por su mayor parte ajeno a las necesidades prácticas del educando y de la sociedad.” (Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda, “Un futuro para México”, Punto de Lectura, 2009, p. 75-76) De aquí viene la necesidad de una revolución popular en el ramo de la educación y no una de las muchas “reformas” inútiles elaboradas por burócratas incapaces de imaginar ni aceptar los cambios fundamentales que la educación necesita.
“La solución no vendrá, ni puede venir, sólo del Estado. Tendrá que salir también de comunidad.” (op.cit., p. 77) Es decir, de nosotros, pero ¿cómo: cómo romper el monopolio e inyectar la participación ciudadana, exigir la evaluación de cada maestro, cada libro, cada funcionario y la rendición de cuentas? ¿Cómo hacer que la burocracia y la secretaría nos escuchen sin exponer a nuestros hijos a las venganzas de los maestros y funcionarios impunes?
La historia de las revoluciones nos enseña que una simple revuelta o un levantamiento que deja la estructura burocrática y los mismos burócratas en su lugar no funciona y puede ser fatal, como en el caso de Francisco I. Madero, los revolucionarios franceses, Kerensky en Rusia y una larga lista de etcéteras. Es preciso destruirlo todo y empezar de nuevo para evitar que los De la Huerta, los Napoleón y los Stalín impongan su voluntad sobre el pueblo. Si queremos educación eficaz y atinada, si queremos que las escuelas respondan a las necesidades de los alumnos es menester insistir en que el pueblo mande, conforme al Artículo 39 de nuestra Carta Magna: “Todo poder dimana del pueblo…”. No debemos aceptar un sistema que no funciona, que no da una educación adecuada a los jóvenes de nuestro municipio.
Pero, específicamente, ¿cómo proceder a nivel local? Hay varias maneras de ejercer el poderío popular: Una sería una huelga (acompañada de una rueda de prensa) en la cual los padres de familia (y no la Asociación de Padres de Familia que frecuentemente es parte del problema) no enviarían a sus hijos a la escuela hasta que se abriera el proceso educativo del plantel al escrutinio de los padres. Otra opción para forzar cambios sería que los mismos padres (y probablemente serían principalmente las madres) tomarían las aulas y se encargarían de la enseñanza, dejando a un lado a los maestros hasta que a los padres les otorgaran los cambios necesarios. Dejo a la imaginación de los mismos padres otras posibilidades para insistir en la dimisión de maestros y funcionarios incompetentes y abusivos, así como de la selección y del uso de libros y técnicas eficaces.
“El instrumento para todo eso [las mejoras educativas] ha de ser un sistema de evaluación con consecuencias, que premie, castigue y corrija.” (op. cit., p. 78) ¿Tenemos pantalones suficientes para exigirlo? ¿Sólo nos falta un Grito? ¡Viva la Revolución!.
 

 

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