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Editorial
A tope
J. Armando Rivera Basulto
El presente año ha sido muy abundante en lluvias, de tal forma que el lago se encuentre ya a toda su capacidad de acuerdo a los límites que la infraestructura urbana establece, aunque no así según las cotas de nivel que indican que falta aún bastante para alcanzar el ciento por ciento de su posibilidad de captación. Lo cual tampoco es deseable por los daños que causaría tanto a particulares como en servicios públicos y de infraestructura de las poblaciones ribereñas. Si bien la naturaleza no es algo que podamos controlar cuando se manifiesta en su poder y en reclamo de sus espacios y vías, pero tampoco cuando se muestra parca e insuficiente.
Sin embargo la naturaleza es sabia y con su comportamiento nos da lecciones de sensatez y supervivencia, al mostrarnos que nunca debemos estar confiados ni supeditados a nada, porque nada es absolutamente seguro, constante ni permanente. Lo que nos obliga a estar en continua alerta y dispuestos a adecuarnos a los cambios y necesidades, aprovechando las circunstancias a nuestro favor, cuando así nos sea posible. Lecciones que son de utilidad no sólo en el ámbito de la naturaleza sino también en el social, político, económico y humano en general.
Por eso ahora que estamos en una situación crítica, en muchos ámbitos, en el país y en nuestra región en lo particular, cabría pensar y afirmar que estamos llegando al límite de lo tolerable en cuanto a problemas, perjuicios y deficiencias. Lo cual de ninguna manera debe ser motivo ni condición para darnos por vencidos, sino por lo contrario para redoblar esfuerzos y exigencias que nos lleven a alcanzar el país, sociedad, gobiernos, respeto y dignidad que merecemos como mexicanos. Porque al fin de cuentas estos problemas son primordialmente de orden social y humano y como tales, en la capacidad, responsabilidad y compromiso de los ciudadanos, el buscar y darles solución.
Aunque en cuanto a la situación del lago, las lluvias y sus consecuencias, que dependen de las condiciones y comportamientos de la naturaleza, también algo se puede hacer en caso de excesos y desastres, pero no más allá de los cuidados de protección y seguridad de las personas y tal vez, de algunos de sus bienes. Mas no tanto así en cuanto al control de su fuerza, dominios y trayectos. Pero si bien con la naturaleza es poco lo que se puede hacer, en lo social es nuestra obligación hacer y resolver. El problema está en querer, saber y atreverse a hacerlo con honestidad, compromiso y responsabilidad. Porque si estamos a tope en la crisis es por indolentes, irresponsables y corruptos, al así convenir a muchos.
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