Al mejor Postor/ Por J. Armando Rivera Basulto PDF Imprimir E-mail
Escrito por PÁGINA Que sí se lee!   
Viernes, 03 de Febrero de 2012 16:49

Editorial
Al mejor Postor

J. Armando Rivera Basulto
Analizando el cómo se dan las alianzas, coaliciones o rupturas entre partidos, grupos y personajes de la política a nivel nacional, nos podemos dar cuenta que lo que realmente los motiva y determina para tomar esas decisiones son los beneficios que obtendrán en la repartición del poder, los recursos y las posiciones de representación y autoridad en disputa, con lo cual los principios, ideologías y convicciones pasan a segundo término o quedan definitivamente al margen de los arreglos, compromisos y propósitos, con lo cual se explican las componendas de actores políticos con cualesquiera otros de manera indistinta o de un extremo al otro, con tal de obtener beneficios o alcanzar posiciones.
El caso más reciente y publicitado en la actualidad es el de la aparente ruptura del PANAL con el PRI, a raíz de importantes diferencias en cuanto a la repartición del pastel y disposición del poder, lo cual nos ilustra respecto a las condiciones en que se dan las alianzas entre esos partidos, pero también con los demás y entre los demás. Lo que a su vez esclarece el por qué ya en el ejercicio de los cargos y gobiernos no exista una concordancia entre los aliancistas en cuanto a visiones, intenciones o intereses ideológicos y de principios, sino más bien una lucha por mantener o incrementar sus fuerzas, privilegios y jerarquías.
Pero si eso pasa en los altos niveles, igual se dan las cosas en otros inferiores como los estatales y municipales, donde también transitan partidos, grupos y personas de una alianza a otra, de un color a otro o de un ideario a otro, en la búsqueda de cargos, empleos, poder y recursos, sin empacho ni reparo en filiaciones, compromisos, amistades o daños colaterales. Todo en pos de beneficios e intenciones particulares y directas. Por lo cual tampoco se pueda asegurar que los romances y coqueteos actuales sean permanentes, medianamente duraderos o siquiera reales, al igual que las rupturas o desavenencias, sino dependientes de lo que mejor convenga en cada momento o de lo que determinen jerarquías o mandos superiores.
Pero aún más delicado es el hecho de que, al interior de y entre los partidos, para llegar a algunos acuerdos, alianzas, propósitos y manejo de voluntades se pueda recurrir a cohechos, dádivas, presiones, intimidaciones y otras ilegalidades en pos de apoyos, dimisiones, omisiones o hasta fraudes, suplantaciones, etc., que luego igual, ya en las campañas y procesos electorales, se traslada a los ciudadanos que al final de cuentas también podemos ser objetos, víctimas o cómplices de este tipo de prácticas, hasta quedar a merced del mejor postor o decidir y actuar bajo presión, manipulación o engaño.

 

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